Lo cual plantea un enigma. 24 Themis orbita a unos 480
millones de kilómetros del Sol, unas 3,2 veces más lejos que la Tierra, y la
temperatura media en su superficie es de unos 115 grados bajo cero. Con su
diminuta gravedad, y encontrándose relativamente cerca del Sol, es inevitable
que su hielo superficial se pierda lentamente en el espacio en forma de vapor.
Por tanto, tiene que haber una fuente de agua que restituya el hielo a medida
que se pierde. Según los investigadores, el agua procede probablemente del
interior del asteroide.
Nunca antes se había detectado agua en un asteroide, informa
Licandro. Estudios anteriores "se han limitado a asteroides grandes y
bastante cercanos a la Tierra", que posiblemente ya han perdido su agua
original después de 4.600 millones de años tomando el sol. Pero las nuevas
observaciones implican que "el agua helada es más común en los asteroides
de lo que se pensaba", escriben los investigadores en Nature.
Los asteroides emergen así como el origen probable de gran
parte del agua que bebemos. Las investigaciones sobre la historia del sistema
solar indican que la Tierra primitiva era demasiado cálida para albergar agua
líquida o helada. Por tanto, el agua que llenó los océanos y alumbró la vida
tuvo que venir del espacio una vez que se hubo enfriado la Tierra.
El hallazgo anterior de hielo en cometas los convertía hasta
ahora en los principales candidatos. El hielo descubierto en 24 Themis indica
que una intensa lluvia de asteroides pudo aportar tanta o más agua que los
cometas. Y todo gracias a Júpiter.
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