dimecres, 6 de novembre del 2013

El agua que llenó los océanos llegó a bordo de meteoritos Es lo que concluyen dos investigaciones independientes presentadas el pasado mes de abril en la revista 'Nature'


Lo cual plantea un enigma. 24 Themis orbita a unos 480 millones de kilómetros del Sol, unas 3,2 veces más lejos que la Tierra, y la temperatura media en su superficie es de unos 115 grados bajo cero. Con su diminuta gravedad, y encontrándose relativamente cerca del Sol, es inevitable que su hielo superficial se pierda lentamente en el espacio en forma de vapor. Por tanto, tiene que haber una fuente de agua que restituya el hielo a medida que se pierde. Según los investigadores, el agua procede probablemente del interior del asteroide.

Nunca antes se había detectado agua en un asteroide, informa Licandro. Estudios anteriores "se han limitado a asteroides grandes y bastante cercanos a la Tierra", que posiblemente ya han perdido su agua original después de 4.600 millones de años tomando el sol. Pero las nuevas observaciones implican que "el agua helada es más común en los asteroides de lo que se pensaba", escriben los investigadores en Nature.

Los asteroides emergen así como el origen probable de gran parte del agua que bebemos. Las investigaciones sobre la historia del sistema solar indican que la Tierra primitiva era demasiado cálida para albergar agua líquida o helada. Por tanto, el agua que llenó los océanos y alumbró la vida tuvo que venir del espacio una vez que se hubo enfriado la Tierra.

El hallazgo anterior de hielo en cometas los convertía hasta ahora en los principales candidatos. El hielo descubierto en 24 Themis indica que una intensa lluvia de asteroides pudo aportar tanta o más agua que los cometas. Y todo gracias a Júpiter.

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Datos en contra de la Teoría Tierra Bola de Nieve

(NC&T) Los análisis de rocas sedimentarias glaciares en Omán han aportado claras evidencias de fluctuaciones entre climas cálidos y fríos en el período Criogénico, que se remonta a entre 850 y 544 millones de años atrás. El equipo que ha realizado la investigación, formado por expertos del Reino Unido y Suiza, sostiene que esta evidencia contradice la hipótesis de una edad de hielo tan severa que los océanos de la Tierra quedaron completamente congelados.


El científico principal del estudio ha sido el profesor Philip Allen, del Departamento de Ingeniería y Ciencias de la Tierra, del Imperial College de Londres.


Empleando una técnica conocida como índice químico de alteración, el equipo examinó la composición química y mineral de rocas sedimentarias en busca de evidencias de cualquier tipo de cambio climático. Un alto índice indicaría altas tasas de alteración química de las superficies del terreno durante la época en cuestión, un efecto vinculado a la rápida descomposición de las rocas, que es potenciada por condiciones climáticas cálidas o húmedas. Y viceversa, un bajo índice indicaría bajas tasas de alteración química, propias de condiciones frías y secas.


Los investigadores encontraron tres intervalos con evidencias de tasas extremadamente bajas de alteración química, indicadoras de periodos de clima frío. Sin embargo, estos intervalos se alternaban con otros de altas tasas de alteración química. Por tanto, el conjunto global no señala una profunda y constante era glacial, sino tan sólo periodos glaciales relativamente "normales" alternados con otros de clima más cálido.

Teoría bola de nieve

La teoría de que la Tierra una vez sufrió una larga época de congelamiento global extremo ha recibido un duro golpe. (Foto: ICL)

Lo que estos periodos cálidos indican es que, a pesar de la severa glaciación que por esta época asoló a la Tierra, la congelación completa sugerida por la teoría de la Tierra Bola de Nieve nunca tuvo lugar, y que continuaron existiendo algunas áreas de océano abierto sin congelar.


Si la Tierra hubiera estado del todo congelada durante un largo período de tiempo, estos ciclos climáticos no hubieran podido existir, ya que el planeta se hubiera transformado en un mundo desolado sin prácticamente meteorología, debido a que no hubiera existido la evaporación de agua desde los océanos, y caería muy poca nieve. De hecho, una vez completamente congelado el planeta, sería difícil que se dieran las condiciones necesarias para causar un deshielo global, ya que la mayor parte de la radiación solar recibida sería reflejada nuevamente hacia el espacio por la nieve y el hielo. La evidencia de ciclos climáticos es, por ende, contraria a la idea de la "Tierra Bola de Nieve".

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