dimecres, 22 de desembre del 2010
dimarts, 14 de desembre del 2010
La destrucción de bosques y mares hipoteca el descubrimiento de nuevas especies
La ciencia tardaría entre 400 y 1.000 años en describir toda la fauna y flora marina | La falta de taxónomos impide avanzar en el descubrimiento de más especies
Vida | 15/12/2010 - 02:02h
ROSA M. BOSCH
Tras las 'azulitas' de Nabokov
Era un día soleado y empezaron a salir serpientes y una se nos cruzó por el camino. Era un ejemplar de unos 25 centímetros, muy bonito, de colores rojo, amarillo, negro... No sabíamos si era venenosa, pero era un bicho manso”. David R. Vieites, biólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales- CSIC, descubrió en junio del 2009, en el bosque de Makira, en Madagascar, esta serpiente que bautizaron como Liophidium pattoni. El proceso de descripción de esta nueva especie fue rápido; en octubre de ese mismo año ya publicaban en la revista Salamandra todos los detalles de la Liophidium pattoni. La destrucción de los bosques de Madagascar en particular y de todas las zonas tropicales en general está provocando que los taxónomos no lleguen a tiempo de describir los miles, millones de especies desconocidas que se ocultan en estos hábitats.
“Actualmente hay descritas 1,8 millones de especies en todo el mundo, pero se calcula que podría haber 12 millones, aunque hay fuentes que hablan de 30 millones. Edward O. Wilson [entomólogo estadounidense especialista en evolución] calculó que la pérdida de especies en los bosques tropicales podría alcanzar las 6.000 al año, número muy alto si se tiene en cuenta que los bosques tropicales sólo cubren el 6% de la superficie del planeta”, explica Isabel Sanmartín, científica del Real Jardín Botánico (CSIC) de Madrid. Sanmartín remarca que diferentes estudios estiman que el calentamiento provocará la desaparición del 24% de las especies, porcentaje que, sumado al coste ambiental de la desforestación y a otros impactos humanos, se dispararía hasta el 37% en los próximos cien años. Ante tan alarmantes cifras, Sanmartín quiere precisar que “algunos científicos defienden que animales y plantas muestran una capacidad de adaptación a los cambios ambientales extraordinaria bien mediante mutaciones y selección natural o migrando”. Otros opinan que “este cambio climático es demasiado rápido y que los organismos necesitarán ayuda para sobrevivir”.
Por si fuera poco, la biodiversidad se enfrenta a otro escollo: la disminución del número de taxónomos. “Cada día quedamos menos”, lamenta Enrique Macpherson, una autoridad en galateidos, crustáceos entre el cangrejo y la langosta. Tras treinta años de investigaciones, este biólogo del Centro de Estudios Avanzados de Blanes-CSIC ha descrito cerca de 300 galateidos, entre ellos el emblemático Kiwa hirsuta –bautizado así en honor de la diosa de la mitología polinesia–, un inquietante crustáceo de color blanco y peludo. “El ritmo de descripción de las especies marinas es de unas 2.000 al año; actualmente conocemos 240.000 del total de un millón que se calcula que existen”, explica Macpherson. Pero a la vez que se identifican decenas de cangrejos, medusas o langostas, se van extinguiendo otros tantos que nunca se llegarán a conocer. “Tardaríamos entre 400 y 1.000 años en tener un inventario completo de la diversidad marina”, apunta Carlos Duarte, oceanógrafo del CSIC y coordinador del proyecto Malaspina. Duarte, a bordo del Hespérides, parte esta semana de Cádiz para navegar alrededor del mundo con la misión de investigar los microorganismos del océano profundo.
En el mar queda muchísimo por descifrar, en tierra también. Los ámbitos más desconocidos son el de los insectos (se calcula que hay unos ocho millones pero sólo se han descrito 950.000): el de los hongos (se conocen 70.000, el 7% de los que se cree que existen) o el de las bacterias (sólo se ha identificado el 1%). Por el contrario se estima, según el documento de referencia de este tema, Biogeography: an ecological and evolutionary approach, de Barry Cox y Peter Moore, que los 45.000 vertebrados descritos representan el 90% de todos los existentes. Aun así se siguen descubriendo mamíferos: “Desde 1990 se han descrito 40 especies de primates”, precisa Sanmartín.
David R. Vieites y sus colegas Frank Glaw y Miguel Vences, de centros de investigación de Alemania con los que forma equipo, han “cazado” en los últimos diez años 200 nuevas especies de rana en Madagascar. “Normalmente vamos a zonas donde no ha ido nadie; este verano organizamos una expedición de 60 personas para rastrear la montaña más alta de la isla, Tsaratanna, donde recogimos un total de 400 anfibios y reptiles”, cuenta este biólogo.
Vieites o Roger Vila, investigador Icrea del Institut de Biologia Evolutiva (CSIC-UPF), encajan en el perfil de biólogo romántico que viaja a destinos lejanos en busca de especies inéditas. Vieites corre detrás de ranas y serpientes en Madagascar, y Vila persigue mariposas por todo el mundo. “En la Tierra hay casi un millón de insectos descritos, pero puede haber cinco, ocho, 15 millones, quién sabe; tardaríamos mil años en identificarlos todos”, señala Vila. “El problema –añade– es que los taxónomos no podemos vivir de describir especies, lo hacemos por hobby; lo que vende en ciencia son cosas que tengan mucho impacto a corto plazo y una nueva especie tiene impacto a largo plazo”.
En la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) comparten esta preocupación por la falta de taxónomos: “Muy poca gente quiere serlo; solucionar esta laguna es uno de los grandes retos”, opina Rebecca Miller, bióloga especializada en conservacionismo de la UICN. La lista roja de la UICN (el principal inventario sobre el estado de las especies amenazadas) incluye en su última revisión 55.926 nombres. “Las extinciones son un proceso natural, pero en los últimos tiempos se han disparado; el problema es que no llegaremos a conocer nunca seres vivos que habitan en las zonas tropicales, donde hay más biodiversidad”, advierte Miller.
El panorama invita a recurrir a Sócrates: la ciencia sólo sabe que apenas sabe nada.
divendres, 10 de desembre del 2010
Globos científicos modernos
En las investigaciones meteorológicas suelen emplearse tres tipos de globos: el globo de caucho o neopreno se usa para sondeos verticales, bien llevando una radiosonda que trasmite información meteorológica o como globo piloto, de pequeñas dimensiones, que se sueltan para conocer la velocidad y la dirección del viento. El globo, inflado con un gas con fuerza ascensional (hidrógeno, helio, amoníaco o metano) se estira a medida que se enrarece el aire. Cuando el diámetro del globo ha aumentado entre tres y seis veces (es decir, cuando su volumen es entre 30 y 200 veces superior al original), la bolsa se rompe y el globo se destruye.
El globo de plástico (en general polietileno) de presión cero se usa para llevar instrumentos científicos a una densidad predeterminada. El globo de plástico se llena parcialmente de gas mientras está en tierra. A medida que va ascendiendo, el gas se expande y llena la bolsa. Este tipo de globo cuenta con una válvula que deja salir de modo automático el gas sobrante cuando el globo ha alcanzado la altura de equilibrio, de forma que se mantenga en ese punto. Cuando el sol se pone, el gas se enfría, el volumen se reduce y el globo desciende a tierra, a menos que se suelte lastre.
El globo sobrepresurizado es un globo cuyo tamaño no aumenta y está cerrado para evitar la salida del gas. Cuando el globo alcanza el nivel de equilibrio, el gas está presurizado. Los cambios de temperatura que provoca el calor del sol provocan a su vez cambios en la presión interna del gas, pero el volumen del globo permanece constante. Mientras el globo esté sometido a la presión, continuará flotando a su nivel predeterminado de densidad constante.
La máxima altura de un globo de investigación no tripulado se alcanzó en Chico, California (Estados Unidos), en octubre de 1972, con 51.850 metros.
Cada día, en todo el mundo, los globos con radiosonda hacen más de 1.000 sondeos de los vientos, la temperatura, la presión y la humedad de las capas altas de la atmósfera. Estos vuelos salen casi exclusivamente de tierra firme. En consecuencia, las mediciones de la atmósfera se hacen desde menos del 20 por ciento de la superficie del planeta. Para cubrir las zonas de mar se han lanzado a título experimental en el hemisferio sur los denominados globos Ghost (técnica de sondeo horizontal global).
Por Martin Fermoni
El globo de plástico (en general polietileno) de presión cero se usa para llevar instrumentos científicos a una densidad predeterminada. El globo de plástico se llena parcialmente de gas mientras está en tierra. A medida que va ascendiendo, el gas se expande y llena la bolsa. Este tipo de globo cuenta con una válvula que deja salir de modo automático el gas sobrante cuando el globo ha alcanzado la altura de equilibrio, de forma que se mantenga en ese punto. Cuando el sol se pone, el gas se enfría, el volumen se reduce y el globo desciende a tierra, a menos que se suelte lastre.
El globo sobrepresurizado es un globo cuyo tamaño no aumenta y está cerrado para evitar la salida del gas. Cuando el globo alcanza el nivel de equilibrio, el gas está presurizado. Los cambios de temperatura que provoca el calor del sol provocan a su vez cambios en la presión interna del gas, pero el volumen del globo permanece constante. Mientras el globo esté sometido a la presión, continuará flotando a su nivel predeterminado de densidad constante.
La máxima altura de un globo de investigación no tripulado se alcanzó en Chico, California (Estados Unidos), en octubre de 1972, con 51.850 metros.
Cada día, en todo el mundo, los globos con radiosonda hacen más de 1.000 sondeos de los vientos, la temperatura, la presión y la humedad de las capas altas de la atmósfera. Estos vuelos salen casi exclusivamente de tierra firme. En consecuencia, las mediciones de la atmósfera se hacen desde menos del 20 por ciento de la superficie del planeta. Para cubrir las zonas de mar se han lanzado a título experimental en el hemisferio sur los denominados globos Ghost (técnica de sondeo horizontal global).
Por Martin Fermoni
dimecres, 27 d’octubre del 2010
Es creu que l'erupció del Merapi i el Terratremol Indonesi estan relacionats
Richard A. Lovett
for National Geographic News
Published October 27, 2010
This week's Indonesian tsunami and volcano eruption might be linked, scientists say.
The tsunami was triggered by a magnitude 7.7 earthquake that hit at 9:42 p.m., local time, on Monday near the western island of Sumatra. The resulting waves killed more than 300 people. (See an Indonesia map.)
A few hours later the 9,700-foot (3,000-meter) volcano Mount Merapi, on the eastern island of Java, blew a pillar of hot ash and debris into the sky, killing at least 30 people living on its slopes. (See pictures of Mount Merapi erupting.)
Mount Merapi, Indonesia's most active volcano, had been building up steam for several days. But the timing of the main burst so soon after the earthquake raises the question of whether the shaking ground set off the eruption—even though the epicenter of the quake was 800 miles (1,300 kilometers) away from the volcano.
"Volcanic eruptions that are related to stress changes following earthquakes, or due to triggering by the seismic waves, do seem to occur," Chris Goldfinger, a marine geologist at Oregon State University, said by email. "But documentation of them is spotty at best."
Known examples, he said, include changes in geothermal activity in Yellowstone National Park in 2002 following a magnitude 7.9 earthquake in Alaska, and the eruption of an Andean volcano in 1960 after Chile's magnitude 9.5 megaquake.
Experts caution, though, that the nearly simultaneous events might simply be coincidence in the world's most seismically active country. Indonesia sits along the Pacific Ring of Fire, and its 17,500 islands are littered with tectonic threats. (Find out about life in the shadow of Indonesia's volcanoes.)
For instance, on Merapi's home island of Java alone, more than 30 volcanoes loom over 120 million people.
Tsunami Earthquake a Rare Slow Temblor?
Meanwhile, experts note that this week's tsunami was unexpectedly large for the size of the associated earthquake.
The magnitude 7.7 earthquake that triggered the tsunami occurred along the same fault zone as the magnitude 9.0 temblor that set off the devastating 2004 Indian Ocean tsunami.
Despite the less intense quake, Monday's tsunami still sent ten-foot (three-meter waves) crashing onto nearby islands, with some reports of waves as high as 19 feet (6 meters). (See pictures of the 2004 tsunami's aftermath.)
That could be because the event was a so-called tsunami earthquake, said Costas Synolakis, director of the Tsunami Research Center at the University of Southern California, who cited calculations by geophysicist Emile Okal of Northwestern University. (Okal was out of the country and unavailable for comment.)
Although many types of quakes can trigger tsunamis, a tsunami earthquake is a unique case. In such quakes, slippage of the tectonic plates is unusually slow, occurring over a far longer period than would be expected based on the intensity of the seismic shift, Synolakis said by email.
"The reason for the slowness of tsunami earthquakes is unclear," Synolakis said. "The hypothesis is that it is due to fractured or jagged rocks that slow the rupture. We just don't know, but we do know that they generate larger tsunamis, hence the common name. ... "
Monday's event was the first tsunami from a slow earthquake to be recorded by a tsunamograph, Synolakis added, which could provide valuable data in unraveling the mysteries of tsunami earthquakes.
for National Geographic News
Published October 27, 2010
This week's Indonesian tsunami and volcano eruption might be linked, scientists say.
The tsunami was triggered by a magnitude 7.7 earthquake that hit at 9:42 p.m., local time, on Monday near the western island of Sumatra. The resulting waves killed more than 300 people. (See an Indonesia map.)
A few hours later the 9,700-foot (3,000-meter) volcano Mount Merapi, on the eastern island of Java, blew a pillar of hot ash and debris into the sky, killing at least 30 people living on its slopes. (See pictures of Mount Merapi erupting.)
Mount Merapi, Indonesia's most active volcano, had been building up steam for several days. But the timing of the main burst so soon after the earthquake raises the question of whether the shaking ground set off the eruption—even though the epicenter of the quake was 800 miles (1,300 kilometers) away from the volcano.
"Volcanic eruptions that are related to stress changes following earthquakes, or due to triggering by the seismic waves, do seem to occur," Chris Goldfinger, a marine geologist at Oregon State University, said by email. "But documentation of them is spotty at best."
Known examples, he said, include changes in geothermal activity in Yellowstone National Park in 2002 following a magnitude 7.9 earthquake in Alaska, and the eruption of an Andean volcano in 1960 after Chile's magnitude 9.5 megaquake.
Experts caution, though, that the nearly simultaneous events might simply be coincidence in the world's most seismically active country. Indonesia sits along the Pacific Ring of Fire, and its 17,500 islands are littered with tectonic threats. (Find out about life in the shadow of Indonesia's volcanoes.)
For instance, on Merapi's home island of Java alone, more than 30 volcanoes loom over 120 million people.
Tsunami Earthquake a Rare Slow Temblor?
Meanwhile, experts note that this week's tsunami was unexpectedly large for the size of the associated earthquake.
The magnitude 7.7 earthquake that triggered the tsunami occurred along the same fault zone as the magnitude 9.0 temblor that set off the devastating 2004 Indian Ocean tsunami.
Despite the less intense quake, Monday's tsunami still sent ten-foot (three-meter waves) crashing onto nearby islands, with some reports of waves as high as 19 feet (6 meters). (See pictures of the 2004 tsunami's aftermath.)
That could be because the event was a so-called tsunami earthquake, said Costas Synolakis, director of the Tsunami Research Center at the University of Southern California, who cited calculations by geophysicist Emile Okal of Northwestern University. (Okal was out of the country and unavailable for comment.)
Although many types of quakes can trigger tsunamis, a tsunami earthquake is a unique case. In such quakes, slippage of the tectonic plates is unusually slow, occurring over a far longer period than would be expected based on the intensity of the seismic shift, Synolakis said by email.
"The reason for the slowness of tsunami earthquakes is unclear," Synolakis said. "The hypothesis is that it is due to fractured or jagged rocks that slow the rupture. We just don't know, but we do know that they generate larger tsunamis, hence the common name. ... "
Monday's event was the first tsunami from a slow earthquake to be recorded by a tsunamograph, Synolakis added, which could provide valuable data in unraveling the mysteries of tsunami earthquakes.
dimecres, 13 d’octubre del 2010
Dossier de treball de la sortida a Sant Llorenç del Munt
Aquí podeu descarregar el dossier de la sortida
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